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Mostrando las entradas con la etiqueta Cuentos cortos

Fuga en el infierno del Guaviare

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¡Ahora sí podemos ser compadres! Exclamé a modo de burla cuando vimos sollozante y demacrado a este explotador y asesino que a regañadientes pagaba los salarios que nos debía de varios meses. Sentimos una gran satisfacción por el alivio a nuestros flacos bolsillo y muy agradecidos con la guerrilla por haber escuchado nuestra denuncia y procedido contra estos mal nacidos. La guerrilla en Colombia era, por esos años, el Estado en muchas regiones del país...pero mejor voy a contar la historia desde el principio. Nací en Gachalá, en un humilde rancho de la vereda de Murca, cuando todavía el río Guavio no había aplacado su ímpetu contra el muro de cemento de la represa  y fui el cuarto de nueve hermanos. Mi cucho, con su oficio de hachero y mi madre con sus arepas y tamales, trataban de sostener esa familia numerosa. De ella aprendí el arte de sobrevivir en la escasez. Cuando cumplí los doce años seguí los pasos de mis hermanos mayores y me embarqué en la aventura de vivir; o mejor...

En el "The Paisa's Market"

La estrella del Deportivo Plato Domingo 9:00 am. El día bogotano se presenta soleado, bien bacano, aunque como es habitual nunca se sabe. No obstante a esta hora invita a salir. Algunos a tomarse un tinto en el bar de la esquina, otros a pasear el perro, a caminar, andar en cicla o echar chisme. Esto último es lo que decidió hacer el samario Pascual y se encaminó al mercadito de don Samuel, el paisa,  que tiene "todo para el agiaco, el sancocho y el cuchuco". -Buen día Samuel ¿que más? -A la orden vecino ¿como está? hace días que no se le ve por acá...está más perdido que Duque en clase de historia -Anduve medio maluco pues, pero en la droguería me dieron unas pastas berracas y hasta hoy que me compuse, ahora ando eufórico como Falcao después de hacer un gol -Y hablando de fútbol, ¿el chino ese que era una promesa de jugador? ¿Todavía lo representa? -¡Ahhh!, mi sobrino el Jairo, ¡si 'eñor! es bueno el pelao, pero le gusta la rumba y se ha metido con una vieja que...

Cosa seria ir al dentista

A las quince y treinta llegué puntualmente al consultorio del dentista para hacerme la limpieza de mi abandonada dentadura. Unos pocos minutos después estaba recostado en el sillón. - Mi amigo - dijo el dentista con la voz amortiguada por el barbijo- esto no le va a doler porque funciona por radiofrecuencia, de todas maneras si siente algo me avisa. Encendió la lámpara que encandilaba como si fueran a interrogarme los servicios secretos del Mossad. Hizo abrir mi boca bien grande colocando en ella el extractor de saliva. Al instante comenzó su trabajo con una varilla metálica que tenía un espejito en su extremo y el aparatito limpiador que comenzó a incursionar por los rincones de mis incisivos, caninos, premolares y molares. Allí estaba, tragando saliva, quietito, soportando dócilmente su monótono zumbido y el monocorde gorjeo del salivador, tratando de mantener la boca abierta. Me concentré en los paralelos tubos fluorescentes del techo. Mi mente viajaba al garete por todos los ver...

No hay razón para vivir

Ahí me encontraba como hipnotizado mirando el vacío que se abría desde las puntas de mis zapatillas y finalizaba nueve pisos más abajo, donde se movían, como si fueran de juguete, automóviles y personas. Pensaba en la sorpresa de quienes me vieran caer de improviso y en el estrago que causaria en algún vehículo o toldo. El vacío adquiría la forma de la hermosa mujer de mis sueños y me decía "¡ven!; y me repetía "¡ven!". Una suave brisa me acariciaba produciéndome un leve escalofrío. La adrenalina iba en aumento y me llevaba a un estado de turbación que me hacía confundir los planos de altura y mis pensamientos con la realidad. Y ya volaba como un pájaro o me dejaba llevar por el vértigo de la caída libre; ya llegaría el impacto, pero ahora disfrutaba. Atrás quedaban las razones que me impulsaron a esta decisión. Ya ni las recordaba ni me importaban. El vuelo se prolongaba, el aire me golpeaba la cara; planeaba con los brazos abiertos; el placer me embargaba. Alcancé a di...

Nada como un quesito y un varietal cosecha 2006

Llegué a casa tarde y cansado. El día estuvo cargado de problemas. Mientras trataba de girar la llave de la puerta pensaba en el boludo de López ; el cagadón que se mandó en la oficina y casi la ligo yo. Y para colmo la otra tumbada...Me dolía el cuerpo. Entré a la casa y pensé ¿y ahora que carajo como?. La rotisería del barrio ya cerró (¿porqué mierda cerrarán tan temprano?). Hacen horario de pueblo. Enciendo la luz y veo un montón de cucarachas (de esas chiquitas) que corren a esconderse. La reputa madre que las parió - me digo - con lo que le pagué al de la empresa de desinfecciones; desaparecieron por una semana y volvieron lo más campantes. Los de desinfecciones, ante mi reclamo dijeron: le vamos a poner un veneno más potente. Se lo pusieron y casi nos asfixiamos todos. Las putas cucarachas a la semana volvieron. Los que no volvieron más fueron los de la empresa de desinfecciones a los que les pagué un toco. Me cago en ellos y en las cucarachas de mierda. Tengo que pensar...

La puerta

Pasé por el corralón y la vi; apoyada contra una pila de maderas y cubierta de polvo. Era una puerta de cedro macizo, con tableros y herrajes de bronce, exquisita y artísticamente trabajados. Debía medir no menos de tres metros de alto por un metro y medio de ancho. Desde ese instante la quise para mi. El dependiente me explicó que tenia como ciento veinte años y que había sido parte de una de las entradas del palacete de una familia tradicional de la ciudad. Habían transpuesto esa puerta, aferrado su picaporte y apoyado en su marco, innumerables damas y caballeros de renombre; ilustrísimos personajes de épocas glamorosas y mucho poder; algún revolucionario o caudillo. Indudablemente ese pedazo de madera era historia viva. Cuando le pasé la mano, la olí y apoye mi oreja contra ella, pude sentir su vibración, los aromas a acacias y jazmines, los mumullos de las tertulias y el ardor de las discusiones políticas y las conjuras de poder. Pregunte el precio y la compré. Ya e...

Tarjeta amarilla

Ella estaba frente a la puerta de entrada de su casa (después lo supe), tratando de hacer girar la llave para abrirla, cuando yo pasaba por detrás. En ese instante - seguramente por coquetería - dobló la pierna derecha incrustándome el taco aguja justo abajo de la rodilla. - Uy perdón – balbuceó. - Full y tarjeta amarilla – contesté yo tratando de reírme para disimular el dolor. Ella se sonrió e insistió para que ingresara y poder curarme. Luego las cosas pasaron muy rápido. Nos fuimos a vivir juntos. Hoy andamos a las patadas pero ya no nos causan gracia. Gringotilo

Trabajo insalubre

A casi nadie le gusta el laburo que hace; por eso trata de hacerlo en las condiciones mas placenteras posibles. Y en mi caso no son esas cuando tengo que subir al colectivo a las seis de la tarde. Salen todos de laburar, malhumorados, con olor a chivo; si hay un asiento libre se le tiran encima aunque tengan que pisotear a una anciana paralítica. Pero es la mejor hora porque vienen todos llenos. Cualquiera me dejaba bien, así que al primero que llegó me subí después de dejar pasar una fila interminable de pasajeros. Entregué mi cospel y empecé a empujar rumbo al fondo por la fila del medio. Conseguí un buen lugar, detrás de una gorda con vaqueros ajustados y una pupera que reclamaba piedad. A su lado iba un pelado con un traje baqueteado por el rigor de la jornada que intentaba filtrar su mirada por el escote de su vecina. Así íbamos; todos apretados, bailando una danza esquizofrénica al compás de las frenadas, curvas y aceleraciones del bondi. Fue en uno de esos vaivenes que la gor...

Invasión extraterrestre

Una luz enceguecedora partió la noche en dos. El objeto volador encontró el sitio adecuado y descendió lentamente. El hombrecillo giro su cabeza y mirando a su compañero exclamó visiblemente exaltado: ¡ Xpitli , adrgtli sprtnoritli , Krdgen ! . Xpitli asintió con la cabeza y, señalando hacia el exterior dijo pensativamente: tli srtli vrdugrtli , Trtcli . Dicho lo cual se pusieron unos trajes metalizados con escafandras y descendieron lentamente por el haz energético que surgía de la parte inferior de la nave. Después de escudriñar atentamente hacia todas las direcciones se encaminaron hacia lo que parecía ser una construcción ; se miraron y se pusieron alertas al constatar que había vida inteligente. Un ser extraño los miraba. En su extremidad superior sostenía un recipiente con una sustancia oscura y espumosa. No parecía un arma. Al acercarse, el ser les dijo extendiendo el recipiente: -¡Chi culiau ! ¿ que hacen así disfrazau con este calorononón ? sáquense el casco y vengan...