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La muerte cotiza más alto en Europa.

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Lo sucedido en Barcelona conmueve, estremece. La muerte apareciendo de la nada, artera, cuando la vida se regodeaba entre aromas veraniegos y festejos. Alguien, algunos, catorce o más, que tenian planes para el dia, para el mes o para el resto de sus vidas que se truncaron al paso de un bolido que un loco lanzó a toda carrera. Inocentes. No se puede menos que solidarizarse, preocuparse por los conocidos y sumarse al nunca más y no les tenemos miedo, vamos a seguir viviendo y soñando. Todo el mundo lo hizo, todos los gobiernos, todas las gentes. Las redes se saturaron de mensajes de condolencia, de condena, de aliento. No vi la mismas manifestaciones de solidaridad y pesar por los 400 muertos y 600 heridos de Sierra Leona. No lo vi en los portales de noticias ni en la primera plana, no lo vi martillando en los noticieros la conciencia de los televidentes. No vi tantos Twits ni posteos en el facebook, ni mensajitos en el wathsapp compadeciéndose de la suerte de esos centenare...

Cosa ‘e Mandinga

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Hace algo así como un cuarto de siglo, cuando había ido a Jujuy como Secretario de Organización del Comité Nacional del PI, Roberto, compañero intransigente de la provincia y a la sazón también integrante de dicho organismo, me sacó a dar la vuelta del perro, después de la reunión, para que no me volviera sin conocer algo de la ciudad de San Salvador. Mientras me explicaba de que se trataba cada edificio, plaza o sobre las actividades y costumbres, me contaba sobre las bellezas naturales de la provincia y por lo cual debería volver, ya sin compromisos políticos para disfrutarla. Entre los sitios que me mencionó, me dejó intrigado uno donde, según él, la ruta subía pero el auto bajaba y a la inversa cuando uno pensaba que bajaba, en realidad subía. Confieso que en ese momento no le tuve mucha fé al relato y pensé que se trataba de una exageración del cumpa. No obstante nunca me olvidé de ese lugar supuestamente mágico. En estos días volví a Jujuy en tren de paseo y me reencontré...

Su Paso

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Un libro que debería haber leído antes Carlos “Chirola” Bischoff desarrolla a lo largo del libro su tránsito por todas las cárceles donde transcurrió su cautiverio de siete años tras su detención en 1975 durante el gobierno de Isabel y a consecuencia de una fallida actividad de propaganda aérea en apoyo a los presos del “Villazo” en Villa Constitución. El pasaje de una cárcel a otra: Coronda, Rawson y La Plata, va marcando la diferencias en la rigurosidad de los regímenes, en las relaciones que se establecían entre cautivos y con sus carceleros y como se ponían a prueba las convicciones, en consuno con los cambios políticos, que no solo son descriptos por el autor, sino analizados en sus trasfondos, intereses y consecuencias. El recurso de una conversación con Pablo, es decir con él mismo, le permite sin apelar a la rigurosidad del ensayo o el documento político, ensayar una autocrítica-hasta ahora la mejor y más completa que he leído-de los proyectos políticos de la izquierda d...

La ruta de los afectos

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¿Sabes lo que hace que desaparezca la cárcel? Cada afecto genuino y profundo. Ser amigo, hermano, amante, es lo que nos libera de la prisión. Sin estos afectos, uno está muerto. Pero cada vez que se reviven estos afectos, la vida renace" Vincent Van Gogh A poco más de dos meses de haber retornado, todavía no consigo reubicarme en una Córdoba que me resulta inhóspita y extraña, provocándome sensaciones que contrastan y confrontan con la carga emotiva que traje en mi mochila. Cuando llegué a la estación terminal de la Ruta de los Afectos , la misma de la cual partía 83 días antes, habían sido 45 hs y 40.000 km recorridos en avión; 36 hs, 22 min y 3.200 km en tren; 33 hs y 1.990 km en auto; entre 15 y 20 hs y algo más de 130 km en metro; 18 hs y 800 km en buses; 6hs, 16 min y 63 km en barco y algo así como 400 hs y 1.100 km sobre mis maltratados pies. Debo apuntar también para completar los datos estadísticos las mas de 40 hs de aguante en los aeropuertos. Desde mi ...
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El libro del compañero Diego Barreda. De lectura imprescindible para ir completando el mapa de la memoria.

Filosofía barata en la plaza San Martín

Terminé de hacer unos trámites en el centro. El mediodía irrumpió casi sin darme cuenta, solo anunciado por esa sensación inconfundible de vaciedad que el hambre instalaba en mi estómago. Encadené mi bicicleta en el estacionamiento ad hoc de la plaza San Martín y para no irme muy lejos ni perder mucho tiempo, compré unos sánguches de miga y una gaseosa. Me esperaba una tarde completa en la hemeroteca, ubicada a pocos metros de allí, en el itento de concluir mi trabajo de varios meses buscando documentación para mi próximo libro. El día estaba soleado y la plaza invitaba a disfrutarla. Con mi almuerzo en una mano y la  mochila en la otra hice un repaso visual sobre los bancos libres y opté por uno de los más cercanos. Desde alli se veía el cabildo entre los árboles y la catedral cruzada con el gran mástil que lucía la enorme bandera celeste y blanca. A mi izquierda el monumento al Libertador.  Algo se celebraba porque había una banda y varios abanderados. Antes de sentarme...

El viaje y otros relatos setentistas

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