lunes, noviembre 21, 2016

Cosa ‘e Mandinga


Hace algo así como un cuarto de siglo, cuando había ido a Jujuy como Secretario de Organización del Comité Nacional del PI, Roberto, compañero intransigente de la provincia y a la sazón también integrante de dicho organismo, me sacó a dar la vuelta del perro, después de la reunión, para que no me volviera sin conocer algo de la ciudad de San Salvador. Mientras me explicaba de que se trataba cada edificio, plaza o sobre las actividades y costumbres, me contaba sobre las bellezas naturales de la provincia y por lo cual debería volver, ya sin compromisos políticos para disfrutarla. Entre los sitios que me mencionó, me dejó intrigado uno donde, según él, la ruta subía pero el auto bajaba y a la inversa cuando uno pensaba que bajaba, en realidad subía. Confieso que en ese momento no le tuve mucha fé al relato y pensé que se trataba de una exageración del cumpa. No obstante nunca me olvidé de ese lugar supuestamente mágico.
En estos días volví a Jujuy en tren de paseo y me reencontré con Roberto. De más está decir la alegría de volver a vernos después de tanto tiempo y de pasar casi dos días completos con mi pareja y él como chofer y anfitrión, recorriendo un montón de bellísimos sitios de esa provincia cargada de historia patria. En el primer día le tocó a la Quebrada de Humahuaca desde Purmamarca y su cerro Siete Colores, hasta Humahuaca con su imponente monumento a los héores de la independencia, en el que se homenajea a los hombres y mujeres que resistieron la conquista y defendieron la frontera norte de las incursiones realistas, a las órdenes de Martín Miguel de Güemes. En la ruta, franqueados por los bellísimos paisajes de la quebrada con sus cerros multicolores y sus vigilantes cardones florecidos, pasamos por Maimará, Tilcara y su Pucará y Uquía y su bella iglesia de San Francisco de Paula, donde nos aprovisionamos de recipientes cerámicos artesanales de diversos tamaños.
El segundo día fue para ver los diques y recorrer los valles. Almorzamos en un poblado restaurante frente al Dique de la Ciénaga, después de haber pasado por el de los Alisos y la localidad de El Carmen. Después de ver a mis compañeros de viaje degustar unos frescos pejerreyes preparados de diversas formas, de los que me vi privado por mi alergia, y sacarnos infaltables fotografías, seguimos viaje al dique de las Maderas y pegamos la vuelta para ir a las Termas de Reyes. Cuando salíamos de ahi, me vino sorpresivamente a la memoria:
-¿Te acordás Roberto que aquélla vez que vine me comentaste de ese lugar donde uno bajaba pero en realidad subía y viceversa? Cada tanto en estos años me volvió a la mente y me decía cuando vuelva a Jujuy quiero verlo.
-Cierto, vamos a cambiar de programa y vamos para allá- me dijo sin evasivas mi antiguo compañero.
Volvimos para San Salvador, nos tomamos un breve descanso y seguimos viaje, esta vez para la región de las Yungas con destino a San Pedro por el camino viejo, ya en desuso, olvidado y deteriorado. Pasamos el Hotel Alto de la Viña, el Centro Forestal a nuestra izquierda, Carahunco y enseguida comenzamos la subida adentrándonos en la selva. Después de andar un rato subiendo la cuesta por curvas, baches y contracurvas, rodeados de verde y tupida espesura, llegamos a un punto, en la zona de Las Lajitas, donde un santuario, el único sobre ese camino, deja un espacio justo para que un vehiculo pueda girar.
- Ya me cansé, hasta acá llegamos- dijo Roberto ante mi desilusión de pensar que no había encontrado el sitio.
Pegó la vuelta con el vehículo y volvimos a ir cuesta abajo. Habremos hecho unos treinta metros cuando paró el auto y lo dejó en punto muerto.
-Fíjense. Ustedes vieron que venimos bajando ¿no? Bueno vean.
El auto en punto muerto empezó a moverse lentamente para atrás ¡en subida! Desandó los treinta metros y se detuvo. Volvimos marcha atrás sin problemas ya que circula un auto cada tanto por ese camino así que estábamos solos.
-Y si echamos un poco de agua en la ruta -nos explicaba Roberto que ya había hecho el experimento- el agua corre ¡hacia arriba! Lo volvimos a hacer un par de veces para convencernos. Son solo treinta metros. Pero nos dieron vuelta la cabeza. ¡Cosa ‘e Mandinga! ¿ilusión óptica? Es lo más probable. ¿efecto magnetico? Nadie lo investigó -dijo Roberto-y ahora ya está casi olvidado el lugar. ¿Magia ancestral o milagro de la virgen del santuario? En eso creo poco.
Volvimos a retomar la ruta para San Pedro, el Ingenio Río Grande, La Mendieta y retornamos a San Salvador de Jujuy, con la mente atosigada de preguntas y con la ansiedad de contar lo experimentado.
Por eso, si van a Jujuy, disfruten de las bellezas de una provincia sorprendente, pero no se pierdan de esos treinta metros mágicos.

Alberto Hernández

martes, agosto 30, 2016

Su Paso


Un libro que debería haber leído antes

Carlos “Chirola” Bischoff desarrolla a lo largo del libro su tránsito por todas las cárceles donde transcurrió su cautiverio de siete años tras su detención en 1975 durante el gobierno de Isabel y a consecuencia de una fallida actividad de propaganda aérea en apoyo a los presos del “Villazo” en Villa Constitución. El pasaje de una cárcel a otra: Coronda, Rawson y La Plata, va marcando la diferencias en la rigurosidad de los regímenes, en las relaciones que se establecían entre cautivos y con sus carceleros y como se ponían a prueba las convicciones, en consuno con los cambios políticos, que no solo son descriptos por el autor, sino analizados en sus trasfondos, intereses y consecuencias. El recurso de una conversación con Pablo, es decir con él mismo, le permite sin apelar a la rigurosidad del ensayo o el documento político, ensayar una autocrítica-hasta ahora la mejor y más completa que he leído-de los proyectos políticos de la izquierda de los setenta, como pensando en voz alta, como si fuera elaborando los conceptos en el discurrir de la charla. Los encuentros del autor con Pablo, se producen en distintos lugares de Barcelona, haciéndonos recorrer la ciudad, sus bares y sus sabores y nos activan la memoria y la nostalgia sobre esos rincones también por mí conocidos. No faltan en esos diálogos los recuerdos familiares, las enseñanzas paternas, y las disgresiones cuasi filosóficas sobre la vida, la muerte y la condición humana. Un libro que por algo recibió en el 2011, el Premio Casa de las Américas de Cuba y que hay que agregarlo a la lista de las lecturas infaltables para la tarea de la reconstrucción de la memoria histórica y la comprensión del los conflictos del presente.

miércoles, julio 06, 2016

La ruta de los afectos



¿Sabes lo que hace que desaparezca la cárcel? Cada afecto genuino y profundo. Ser amigo, hermano, amante, es lo que nos libera de la prisión. Sin estos afectos, uno está muerto. Pero cada vez que se reviven estos afectos, la vida renace"
Vincent Van Gogh




A poco más de dos meses de haber retornado, todavía no consigo reubicarme en una Córdoba que me resulta inhóspita y extraña, provocándome sensaciones que contrastan y confrontan con la carga emotiva que traje en mi mochila. Cuando llegué a la estación terminal de la Ruta de los Afectos, la misma de la cual partía 83 días antes, habían sido 45 hs y 40.000 km recorridos en avión; 36 hs, 22 min y 3.200 km en tren; 33 hs y 1.990 km en auto; entre 15 y 20 hs y algo más de 130 km en metro; 18 hs y 800 km en buses; 6hs, 16 min y 63 km en barco y algo así como 400 hs y 1.100 km sobre mis maltratados pies. Debo apuntar también para completar los datos estadísticos las mas de 40 hs de aguante en los aeropuertos.
Desde mi partida de Roma luego de compartir con mi hija su cumpleaños y su vida, se sucedieron en mi improvisada ruta: Elche, Madrid, Barcelona, París, Venecia, Verona, Turín, Nápoles, nuevamente Roma, Trápani y el retorno a Elche para celebrar con mi hermana, el otro cumpleaños que me retuvo en Europa. También hay que poner en la lista las visitas a Toledo, Ávila, Segovia, Granada, Blanes. las islas de Venecia (Tronchetta, Sacca Fisola, Giudecca, San Giorgio Magiore, Lido, Sabbiani, Murano, Burano) y la prolija y moderna Mestre (con el perdón de la palabra); también la Pompeya del omnipresente Vesubio y Favignana y Levanzon, islas de Trápani, la misteriosa y feudal Erice escondida más allá de las nubes y los bellísimos y pintorescos paisajes que me regalaron los viajes por tierra y aire de España, Italia y Francia. Pero estos datos estadísticos al igual que las más de seis mil fotos y videos, sin contar las que perdí y las que deseché por sobrepasar el umbral de lo fulero, no son capaces de dar cuenta de la intensidad del cariño y la amistad de quienes fueron los que proveyeron de combustible mi máquina de andar caminos.

Silvia, Simone y Roma

Los más de quince días compartidos con mi hija Silvia, cuyo cumpleaños fue el motivo inicial y principal de mi viaje, han sido de los más reconfortantes y plenos de amor filial de cuantos haya pasado con ella desde su niñez. Su pareja, el inefable y vegano (ma non troppo) Simone, se portó como si nos conociéramos de años y al que le correspondí haciendo gala de mis dotes culinarias (¿que tal esas cotolettas de melanzane y las lasañas de berenjenas?). Con la mia figlia disfruté sus ensayos con la italo-argentina banda Suerte Maula y la Orchestra di Musica Tradizionale, de repertorio internacional y sus clases de percusión. Constaté que, como Gardel, cada día canta mejor y que ha encontrado su lugar en el mundo. Con ella descubrí su vida cotidiana, su hábitat y sus amigos y, como no podía ser de otra manera, la de la eterna Roma, donde la historia está presente en cada rincón y uno transita sus calles flanqueado por César, Marco Antonio o Espartaco y en una esquina cualquiera te podés encontrar con algún gladiador perdido preguntando que bondi lo deja en el Coliseo, el senador equino de Calígula o hasta el encendedor de Nerón; un ladrón de bicicletas, a Marcello y la Eckberg en la Fontana Di Trevi; Gassman, Sofía y toda la magia de Cinecittá. Toqué timbre en el Vaticano preguntando por Francisco pero un guardia disfrazado de arlequín me dijo que había salido a dar un yiro por México, me caminé de largo a largo el caudaloso Tévere, y cada cuadra del mágico Trastévere y su interminable mercado de pulgas de los domingos, e hice habitual la compra de mis provisiones en el vecino y diversificado mercado de Testaccio. Admiré  Roma junto a mi hija, desde el Paseo Gianicolo y desde la Plaza España; también con ella -felices- caminamos buen trecho de la lunga Via Appia Antica y nos perdimos por los mil senderos y el verde paisaje del Parco della Caffarella.
No tuve oportunidad de comprobar si todos los caminos conducen a Roma, pero si sé que hay uno que me llevará de nuevo.

Ana, Juli y familia y Elche

Lo mismo sucedió con Ana, mi hermana, a la que empecé a conocer a partir de su partida con Juli, su esposo, de la Mar del Plata de nuestra niñez y adolescencia en busca de mejores oportunidades. Ellos y sus hijos, María Laura, Nicolás, Marcela y los cariñosamente etcéteras Félix, Loly y Pepe, me prodigaron tanto afecto y atenciones como no había recibido desde hacía tiempo. También su cumpleaños determinó que alterara mi plan de viaje y lo extendiera más de lo que inicialmente había previsto, haciéndome retornar un par de veces a la Elche de los palmerales, patrimonio de la humanidad y donde por primera vez vi el Mediterráneo desde el mirador de Santa Pola. Con ellos presentí en Toledo, con su Alcázar y su Tajo, el espíritu desfacedor de entuertos del caballero de la triste figura, y admiré la imponente muralla de Ávila, donde también probamos su famoso chuletón, la inigualable muestra del genio romano en el acueducto de la nevada Segovia, donde gambeteé su cochinillo y opté por un sabroso rabo de buey; por fin la increíble belleza de los arabescos moros de la Alhambra de Granada donde nos matamos con un solomillo de cerdo con coliflor y papas al cardamomo en los Jardines de un tocayo mío.
No puedo dejar fuera del balance los ¿querés un vinito? de mi cuñado al volver del laburo y las atenciones culinarias de mi hermana, que con la morfimáquina (esa que le metes los ingredientes, la programás, te sale todo listo, te sirve en la mesa, te pone la servilleta y... ¡ole!) o sin ella siempre preparaba algo para agasajar nuestros demandantes aparatos digestivos.
Volveré a Elche dije y volví.

Pocho, Rafa, Vasco, Jorge y Madrid

De allí, los amigos orientaron mi andar hacia Madrid, a donde llegué volando sobre los rieles en  un superveloz AVE que me depositó en la trágica Atocha, gemela cambiada de la porteña Retiro, (según Pocho, amigo, anfitrión y guía). Le dicen Villa y Corte, la percibí como una ciudad polifacética, multicultural, paradojal, donde se respira el poder de la realeza y su sello colonialista pero es gobernada por esa izquierda sui generis surgida en España en estos años; donde “todo funciona” al decir del Cabezón Flores, que de esa forma argumenta el haber quedado atrapado en ella desde que lo obligó el  exilio, después de la cárcel. Con los amigos, algunos cumpas de los setenta, exiliados por obligación o por opción, los encuentros fueron cálidos y nostalgiosos permitiéndonos profundizar los lazos afectivos y salvar los baches que el tiempo y la distancia nos abre en las relaciones. Pocho González y Alejandra, su flaca, me recibieron en su casa de las afueras de Madrid, como uno más de la familia. Abundaron los vinos, las picadas y hasta un buen asado criollo. No pudimos escapar a la afición futbolera y compartimos frente a la tele los partidos de Instituto, Belgrano, el Barsa y algunos otros, como así también videos de viejos tiempos. ¡No podés dejar de sacarte una foto frente al Tío Pepe! Me decía el Pocho mientras gatillaba la cámara en la primera visita que hice a la Puerta del Sol y ahí salí retratado con el famoso cartel a mis espaldas que ofrece sol de Andalucía embotellado ¡Otra con el oso! Y clic, la Real Casa de Correos clic, estaban manifestando los de Podemos y también clic,  el  Museo del Jamón, que me hizo agua la boca, clic, La Posada del Peine (que me vino al pelo) clic, el Bernabeu clic, clic, clic. Finalmente tuve que escabullirme un poco de semejante abrazo para poder conocer un poco de Madrid y ver a los demás.
Así anduve, entre otros muchos lugares, por el Palacio Real, la calle de Alcalá donde gente viene y gente va y que me llevó hasta la plaza de Cibeles, el Museo del Prado al que no entré, el Reina Sofía donde sí entré, el Lavapies tupido de inmigrantes y el maravilloso Parque del Retiro con sus stiimponentes monumentos, su palacio de cristal y sus pavos, que como no podía ser de otra manera son reales también.
Encontrarme con el Vasco después de...¿35, 40 años? ...fue muy emotivo. ¿Nos vimos en la primera Trastienda, en Palermo Viejo, durante la dictadura y antes de que se fuera? Es cierto que hace una punta de años nos descubrimos las canas, la calvicie y las arrugas por la camarita del video del Skype y que siempre tuvimos contacto epistolar, pero no es lo mismo que abrazarse y sentirse el aliento que impregna las palabras. Por supuesto que recorrimos las respectivas trayectorias de vida de estos largos años. “Estoy militando como en los 70” me dijo cuando lo hablé para encontrarnos. Gran tipo Alberto Azcárate al que llamábamos Vasco. Con él y su agradable compañera pasamos breves pero intensos y reconfortantes momentos en su pequeño, pero cálido, departamento frente al Reina Sofía, guardián del Guernica que me dejó enmudecido. El fenómeno de la nueva izquierda española los atrapó fuertemente. Igual pasó con Jorge Napal, (nombre de bomba, diría el Pocho) otro cumpa atraído por Podemos y el fenómeno de los indignados, pero que ya estaba organizando todo para venirse. A Jorge lo vi mas seguido porque cuando viene a Córdoba, no puede escaparle al imán de las reuniones nuestras para discutir con pasión sobre la realidad política y social. Su casa también fue abierta para mi y me permitió conocer su afición musical y tanguera, que comparte con el Rafa Flores y que los junta a menudo en una milonga que también nos convocó una noche. El Pocho y yo, pataduras para esos menesteres, mirábamos y sacábamos el cuero a los bailarines que se floreaban. Quise juntarlos a todos, que viviendo allá no se conocían o no se veían. El lugar elegido era la casa del Rafa, en pleno centro histórico de Madrid. Una especie de pequeño loft, en un viejo edificio, que él restauró con manos propias, con buen gusto y confort que incluye hasta loza radiante, que huele a libro y tango y donde su prolífica actividad literaria y tanguera se pone en evidencia en cada recoveco. A la cita falló el Vasco “por sus tareas militantes”, pero no impidió que fuéramos a degustar un par de platos madrileños en un restaurante donde el Cabezón jugaba de local. Hubo brindis, fotos (que todavía no integran mi colección), y promesas de volver a vernos y que pienso cumplir. Para despedida, la llegada de Julio Rojo y su compañera, de Palma de Mallorca, nos reunió, en un coqueto restaurante donde degustamos junto con el Pocho un delicioso y abundante cocido madrileño, regado por un excelente vino tinto riojano. También me falta esa foto. Y también me faltó la visita a Palma comprometida con mi primo Julio y el compañero tocayo. Al decir del Chango Rodríguez, tuve que hacer un alto por un toro mañero, en Trápani, donde debí quedarme más de lo programado. Al día siguiente, con el cocido en el gaznate, nuevamente orienté la proa a Elche, fecha comprometida para ir con mi hermana y familia a Granada.
Cumplida esa infaltable escala, ¡apa! Arriba del tren rumbo a Barcelona.

Santi, Mari, Tito, Cristina, Chirola, Teresa, Barcelona y Blanes

¡Qué ciudad! Prolija, planificada, amigable, combativa, republicana en definitiva. Es una babel, donde el turismo se mezcla con la inmigración y una multiplicidad de lenguas tupen el aire y el catalán está en todos los carteles y regularmente en las conversaciones, que solo por gentileza o necesidad se hacen en castellano. Con una red de subtes impresionante que te llevan a los cerros o al mar en pocos minutos, donde no hay una sola bandera de España y la impronta de la arquitectura revolucionaria de Gaudí está en cada rincón. En un bar frente a la plaza de la universidad, me encontré, fruto de la improvisación de mi viaje, con mi hijo Santiago y Mari, novio y novia, que habían llegado de paseo a Europa. Con ellos compartí, gaudinamente la visita al Parque Güell y luego cada cual por su camino: ellos para París y yo a esperar a Tito y Cristina que volvían de Argentina. De mi hostel frente a la Estación França, frente a la coqueta y playera Barceloneta y en medio del Barrio Gótico, me mudé a la casa de mis viejos amigos. Me iba a quedar cuatro o cinco días y me quedé quince. Fueron muchas mañanas de mate, noches de buen vino español y no pocos almuerzos donde degustamos algunas de las delicias que el gastronómico emprendimiento familiar, que reemplazó a la, venida a menos, porcelana fría,  tiene para su clientela. Política, amigos, comidas, recuerdos, familia, fueron los temas que casi agotamos en esos días, alternados por unos pocos paseos compartidos, por la pata renga de Tito que competía con la mía a la que todavía le faltaba un trecho de martirio y que me llevó de urgencia, apenas llegué, a ponerme en manos de los matasanos. Tito, Cristina y sus hijos, fueron otro punto alto en la curva afectiva del viaje.
Contabilizo también dentro del balance, el haber marchado codo a codo con los miles de catalanes que manifestaron por las calles de Barceloneta, contra las políticas de la Comunidad Europea hacia los refugiados y el encuentro de afirmación de la memoria histórica argentina que el nieto recuperado Martín Mozé y sus HIJOS Barcelona, organizaron para el la infausta fecha del 24 de marzo.
A una hora de viaje en tren desde Barcelona, recorriendo la costa sorprendente del Mediterráneo, uno se encuentra con Blanes, pequeña y coqueta ciudad playera donde viven Carlos “Chirola” Bischoff, Esthela Salinas y su hijo Enrique, excelente músico metalero. Nos habremos visto una o dos veces antes, pero el solo hecho de ser sobrevivientes de los 70 ya nos provee de un piso común de historia, de dolor, de alegrías, sueños y convicciones que decantan en un afecto intrínseco, vital, de cajón. Los dos almuerzos compartidos y los recuerdos e ideas desgranadas, desde las interpretaciones de nuestra experiencia a los nuevos tiempos españoles y argentinos, me llevaron a pensar que fue muy bueno haber decidido emprender este viaje.

Dominique y París

Luego de estudiar las extremas condiciones meteorológicas y acobardado por el frío, abandoné la idea de recorrer el norte español y rumbeé para París. Allí no tenia amigos, pero encontré nuevos afectos. Desde Dominique mi hotelero particular, hasta los trabajadores en lucha que me transmitieron el fervor y la enjundia puesta de manifiesto en defensa de sus derechos contra las políticas neoliberales de Hollande. Ni la lluvia, ni el frío pudieron apagar el calor de esos reclamos. El espíritu de mayo del 68 flotaba en el aire. Me caminé la ciudad luz, la admiré desde lo alto de la torre Eiffel, desde las costas del Sena, desde la bohemia Montmatre y desde los jardines de la Tullería. Me caminé de noche y de día, les Champs Elysees desde La Rueda, como la del parque Sarmiento, pero que funciona, hasta el Arco del Triunfo, me atosigué de arte y japoneses en el Louvre y descubrí que en la plaza de la Bastilla, no hay bastilla. Por la noche, en el bulo de Dominique, donde me alojaba, nos juntábamos a picar o comer y tomar algún buen vinito francés o una cerveza y conversar en su escaso español, mi olvidado francés del secundario, señas y los traductores digitales. Fotógrafo profesional, especializado en la arquitectura francesa y a la sazón propagandista gráfico de la lucha de los trabajadores e indignados franceses; tuvimos empatía desde el primer momento y por eso se convirtió en una nueva amistad en la tierra de Astérix.
Gaia, Roberto y Venecia

De París a Venecia,  a parar a la casa de Gaia, con la que empezamos a tener cordiales relaciones epistolares durante el proceso de contratación del alojamiento. Cuando nos encontramos en la estación del ferrocarril de  Mestre nos reconocimos inmediatamente.  Mi estancia en su casa no solo fue confortable por las comodidades que me brindaron sino por el buen trato y la cordialidad que me prodigaron ella y Roberto su marido, en vacaciones forzosas por una lesión en un pie. (otro con mala pata). A cada vuelta de mis paseos por las intrincadas callecitas de Venecia, costeando los canales con sus góndolas y gondoleros (los paseos tenían precios muy poco románticos e inalcanzables para mi economía), sus innumerables puentes, relojeando los no muy económicos restaurantes con sus orquestas en la Plaza de San Marcos, o visitando las muchas y sorprendentes islas, me esperaban con un vinito casero y conversábamos largo rato, riéndonos con ocurrencias de ambos bandos que expresábamos en un suficientemente comprensible cocoliche italo-español. Bellas personas que hicieron mucho más placentero y reconfortante mi viaje. Nuevos amigos con los que quedamos en volver a vernos.

Quirquincho, Katty y Turín

Dejé atrás la romántica Venecia y luego de pasar fugazmente por Verona y constatar que los Montescos vencieron a los Capuletos, ya que solo se hablaba de Julieta y de Romeo ni noticias, (aunque colijo que el chabón era de otro pueblo) seguí a mi próxima parada en la Ruta de los Afectos. En Turín me esperaba Miguel “Quirquincho” Acosta, el de la chacarera del norte, ex Quetral, que yo conocí como “Indio” en la Municipalidad de Córdoba y que siguió el camino de la música folclórica en esas tierras allende los mares. ¿veinte años que no lo veía? Tal vez mas o tal vez menos, porque recuerdo que lo encontré en la muni, junto a Katty Berti, su compañera, en uno de sus visitas a Córdoba. Tampoco nos conocíamos mucho, pero habíamos compartido cosas muy fuertes en el campo de la lucha gremial en años duros, además de nuestra afición por el fútbol. También con él, en estos años de auge de las redes sociales, nos fue acercando el contacto feisbuquero, la comunidad de ideas, la lucha y ese breve pero intenso pasado común. Nos juntamos como nos gusta a los argentinos: en la cocina alrededor del mate y un par de violas. Siguió una  noche mágica en el Ristorante Argentino de Mónica Thea Galante, cuando nos reunió el folclore junto a su hijo y eximio violinista Lautaro Acosta, el Cuatro de Córdoba Lionel Pacheco y Oscar Torres,  otro quia que curte el folclore en esos pagos y donde Katty y yo estábamos para los aplausos. Desde ese momento, todas fueron atenciones hasta que me fui. La mateada de la matina, el vinito de la noche y algunos almuerzos donde Miguel exhibía sus dotes culinarias, acompañaron charlas sobre música, poemas, la política de allá y de acá, ahora de acá y de allá, los amigos, los viejos compañeros, las luchas, y los porqués Turín era la ciudad que habían elegido  para luchar y para vivir. En las horas de caminatas, trataba de distinguir, el barroco, el rococó y el art noveau en los estilos arquitectónicos de la ciudad, que con tanto entusiasmo me había transmitido Katty y que yo había asimilado poco y nada. Disfruté su ritmo cansino, la tibieza de los primeros aires primaverales por la costa del Dora y su encuentro con el Po, (río de Italia, dos letras” que horizontal o vertical me dio muchas satisfacciones en los crucigramas), su palacio real, la plaza San Marco con sus recovas. Anduve en la única linea (pero más antigua de Italia) del subte o metro  que en su trocha angosta en combinación con un viejo tranvía me acercó al estadio de la Juve, imponente centro comercial futbolero que tiene como telón de fondo, al igual que toda la ciudad, los imponentes Alpes nevados que, cuando se pone el sol, devuelven imágenes increíbles. Recorrí ferias y mercados, entre ellos el más grande de Europa, según el Quirquincho, y subí a la Mole Antonelliana que compite en términos de ícono y con sus 167 metros, con la parisina, desde donde se ve todo Turín y que guarda en su interior un completo y fascinante museo del cine. Con mi pie derecho en cada vez peores condiciones, al séptimo día me subí al tren, feliz por este encuentro, para proseguir, a 300 kilómetros por hora, esta Ruta de los Afectos ¡Lindo título para un libro! sugirió Miguel. Por ahora solo un relato.

Silvia, Ana, Nápoles, Pompeya, Trápani, Elche, reencuentro y fin de viaje

Me esperaba mi hija, para recorrer la pasional y maradoniana Nápoles y seguir amasijando mi pie derecho por las vías empedradas de la colosal Pompeya. Trápani, con su mar policromo y transparente, sus islas y la escondida Erice, fue la antesala de mi ultimo punto de encuentro con mis afectos: Elche y el primero de los cumpleaños que paso con mi hermana en su casa. Con ellos soplamos velitas y participamos militantemente en familia en la concurrida movilización del 1º de mayo bajo el tímido sol de los primeros dias de primavera.
De ahí, inicié el prolongado y cansador retorno a la Argentina.
Quedan para contar muchas otras impresiones sobre paisajes rurales y urbanos, personajes, cultura, costumbres, gastronomía, historia y otras yerbas e invitar a los amigos a ver las mas de 6000 fotos, aunque no creo que tenga éxito con esta convocatoria.
De todas maneras si me preguntan ¿que tal Europa?, contesto, linda che, es el lugar donde tengo mucha gente que quiero y que me quiere y que por eso volvería a hacer la Ruta de los Afectos.

(Gracias Simone, Juli, Pocho y familia, Rafa, Vasco, Jorge Nap, Tito y Cristina, Chirola, Esthela y  Enrique, Miguel “Quirquincho” Acosta y Katty Berti, y los nuevos amigos, Dominique Gauthey, Gaia Businello y Roberto. A mi hija y hermana no les agradezco porque en mi familia la casa de los hijos, padres  y hermanos es la nuestra y su amor un sentimiento ineluctable).
No puedo dejar de agradecer al Kirchnerismo que en doce años me permitió mejorar mi salario real y ahorrar para hacer este viaje; no tanto como López, pero algo es algo.

Gingotilo













































jueves, noviembre 12, 2015

El libro del compañero Diego Barreda. De lectura imprescindible para ir completando el mapa de la memoria.

domingo, junio 28, 2015

Filosofía barata en la plaza San Martín

Terminé de hacer unos trámites en el centro. El mediodía irrumpió casi sin darme cuenta, solo anunciado por esa sensación inconfundible de vaciedad que el hambre instalaba en mi estómago. Encadené mi bicicleta en el estacionamiento ad hoc de la plaza San Martín y para no irme muy lejos ni perder mucho tiempo, compré unos sánguches de miga y una gaseosa. Me esperaba una tarde completa en la hemeroteca, ubicada a pocos metros de allí, en el itento de concluir mi trabajo de varios meses buscando documentación para mi próximo libro.
El día estaba soleado y la plaza invitaba a disfrutarla. Con mi almuerzo en una mano y la  mochila en la otra hice un repaso visual sobre los bancos libres y opté por uno de los más cercanos. Desde alli se veía el cabildo entre los árboles y la catedral cruzada con el gran mástil que lucía la enorme bandera celeste y blanca. A mi izquierda el monumento al Libertador.  Algo se celebraba porque había una banda y varios abanderados.
Antes de sentarme en uno de los bancos contabilicé la cantidad de manchas blancas que resaltaban sobre el marrón oscuro de sus tablas, sello inconfundible de la plaga colombófila, dueña indiscutida de la plaza. Miré hacia arriba, escrutando entre las ramas de un gran lapacho que proyectaba su sombra sobre el banco,  para tratar de descubrir alguna paloma con intención de descargar su artillería sobre mi calva. La fronda estaba libre de potenciales agresores, así que me senté, aunque con cierta inquietud que me hizo estar mirando regularmente hacia arriba para tener controlada la situación.
Me relajé, estiré las piernas, le di el primer mordisco a mi sánguche de jamón, queso, tomate y aceitunas y me puse a pensar: ¿Porqué la gente alimenta a las palomas que son plaga? ¿la Asociación protectora de animales las protege?  ¿qué habrá sido de los halcones que trajeron hace un par de años para ahuyentarlas? Me sonreí: indudablemente perdieron la batalla. Rápidamente me invadieron recuerdos de mi infancia en Totoral. Fueron muchas la veces que, con mi eficaz rifle de aire comprimido Kafema, me instalaba, previa autorización, en el patio de la casona de los Cheble, debajo de un enorme y frondoso fresno que se repletaba de gordas palomas turcas. Sentado, con mi espalda sobre la pared, apuntaba y...pum. No erraba casi ningún disparo. En pocos minutos tenía una bolsa llena que llevaba a mi madre para esos exquisitos guisos que preparaba. Seguramente iría preso si repitiera eso acá, pero estaría bueno que se permitiera por lo menos hasta que quedaran unas pocas que, repletas de pururú y otras porquerías, ya no pudieran ni carretear para levantar vuelo.

Eché otra mirada hacia arriba. No había moros en la costa, así que seguí disfrutando de mi frugal almuerzo. La gente pasaba apurada en uno y otro sentido, contrastando con mi pachorra sin tiempo y aumentando mi disfrute. Vino a mi memoria aquella canción de Piero de los años 70: " sentado en la mesa de un bar, veo a Buenos Aires pasar y pasar" Aunque no estoy en un bar ni en la Capital Federal, veo a Córdoba pasar - pensé- y la empecé a tararear : tarara-rara tarara-rara.."veo un vampiro buscando una mina, pero lo violan pasando  la esquina (...) pasa un obrero en alpargatas con veinte pesos que es toda su plata (...)pasa una mina con traje escotado un cura la sigue y cae en pecado (...) Paso yo  mismo y me veo sentado, mirando a la gente que pasa a mi lado.."

Pasa una morocha, delgada, con el símbolo de Batman sobre unos pechos turgentes. Camina apurada con la mirada fija en algún punto, como si el comisionado Gordon la hubiera alertado por un delito en Ciudad Gótica. Un gordo transpirado por el calor del mediodía cordobés, secándose con su pañuelo, me mira con envidia y sigue su trajinado camino. Una parejita de estudiantes - imagino por sus mochilas y un par de libros que llevan - pasan de la mano, se dan unos piquitos y siguen conversando animadamente sobre su futuro profesional, las próximas vacaciones o la peña de esa noche, vaya a saber. Pasa una madre con niños díscolos a los que reta; lentamente una anciana de cabellos grises; un tipo de traje, corbata y maletín con cara de vendedor de fantasías; una mujer de guardapolvo que debe ser maestra-si debe serlo por la cara de sufrida-; un agente de policía que me mira mal (soy sospechosos de merodeo y vagancia - pensé) cruza haciendo sonar sus borceguíes. Pasa la gente en un sentido y otro. Trato de adivinar sus profesiones y sus vicisitudes. Pienso en la cantidad de historias que habrá detrás de cada uno y me siento limitado, pequeño, irremediablemente acotado por no poder conocerlas a todas. Me gana una agitación que cada tanto me visita: la de saber que compartimos en la vida un tiempo limitado con muchas personas, bellas, interesantes, geniales, o simplemente humanas pero que nunca llegamos a conocer. Será por eso que escribo, aunque sea para dejar una pequeña huella.

Le di otro mordisco a mi sánguche y miré desconfiado de nuevo hacia arriba ante el aleteo de una paloma. Todo bien. De nuevo los animales ganaron mi atención y me llenaron de preguntas: ¿porqué hay gente que defiende a los animales y nunca se preocuparon por los seres humanos? Es más ¿porqué hay animales de primera y de segunda? ¿quien defiende a las pobres pero deliciosas vacas, o los sabrosos chanchitos, corderos y chivitos? No he visto sociedad protectora de animales que los defienda. Pienso que no hay nada mas ridículo ni hipócrita que la declaración universal de los derechos de los animales que recuerdo haber leído alguna vez. Creo que en el primer artículo dice que todos los animales nacen iguales ante la vida y tienen derecho a su existencia. ¿los peces y mariscos no son animales? ¿al comer una vizcacha al escabeche o un conejo, no estamos violando ese primer artículo?. ¿Si los seres humanos no nos comiéramos a los animales de qué nos alimentaríamos? Los vegetales también tienen vida. He leído por ahí que a las plantas se les suele poner música y conversarlas para que crezcan mejor y más saludables. Si eso es cierto, es porque tienen sensibilidad, sentimientos y hasta humor. ¿comerlas no nos convierte en asesinos verdes?. Veo pasar una señora con un perrito pequeño, lanudito, con un lacito en el cuello, todo un juguete. Pienso que ese animalito que - al decir de mi padre- ni para perro sirve, debe tener su peluquero, su comida especial, su veterinario y hasta psicólogo. Debe costar mantenerlo. Probablemente esa misma señora no es capaz de darle una moneda a un indigente, o sí, pero seguro gasta más en el can. 

Soy un convencido de que  la historia de la tierra es la historia de la supervivencia de los más aptos y por eso desaparecieron los dinosaurios y muchos bichos más. El pez grande se come al chico, y así en toda la escala zoológica. Hay un derecho natural de cualquier especie a considerar alimento  - aun a riesgo del exterminio- al que pueda garantizarle la vida y las mejores condiciones de existencia. ¿Y los seres humanos no somos superiores, más fuertes e inteligentes  que el resto? ¿no tenemos acaso el derecho natural de mandarnos al buche a todo bicho que camina y de exterminarlo si nos jode la vida? Los maoríes de Nueva Zelanda exterminaron a los moas -pajarraco enorme- y se deglutieron a una buena cantidad de seres humanos. Los pobres tenían que alimentarse ¿habría que condenarlos por eso?. Pienso que la irrupción del hombre en la tierra, relativamente reciente, ha acelerado un proceso de decantación natural de las especies y de los cambios en el hábitat, pero fundamentalmente de su propia extinción. Como cualquier otra especie estamos condenados a desaparecer a no ser que la inteligencia nos permita alumbrar una especie más apta para las nuevas condiciones o convertirnos en cucarachas a las que les ha ido bien en la linea de la evolución. Y pienso en Kafka...

La banda comenzó a ejecutar el Himno a la Alegría y enseguida me descubrí moviendo las manos al compás de su melodía, con el almuerzo a guisa de batuta. Eso me hizo recordar que uno de mis proyectos sigue siendo convertirlo, con una letra adecuada en un canto culto para la hinchada de Belgrano. Me divierte imaginar esa tribuna agotando sus gargantas con esa sinfonía o con el Bolero de Ravel o la Marcha Triunfal de Aída. Estaba concentrado en ese trascendental tema,  cuando irrumpió el predicador con su bicicleta, que dando vueltas alrededor del monumento a San Martín, con voz potente y ronca, nos vaticinaba el más terrible e hirviente de los infiernos a todos los que no nos subiéramos a la barca del Señor. Su voz y sus imputaciones lastimaban mis tímpanos y me pusieron de mal humor. Recordé que cuando era concejal me fue a ver Tony, que con su pareja -al menos de canto - todavía hacen más placentero caminar por la peatonal 9 de Julio. Ellos cantaban y alegraban a los paseantes de la plaza San Martín hasta que la municipalidad se lo prohibió, por la queja de los vecinos por ruidos molestos. Mi gestión ante los funcionarios fue un exitoso fracaso, así que el buen dúo fue deportado sin contemplaciones. Hoy en lugar de música hay que escuchar a este engendro de la inquisición y nadie se queja. La gente es rara; definitivamente.

Iba a retomar mi ejercicio filosófico sobre la existencia, pero ya estaba en hora de empezar mi trabajo en la hemeroteca. Por otra parte el predicador ya había horadado mi paciencia. Me mandé al buche el último pedazo de sánguche, apuré lo que quedaba de gaseosa y me levanté. Justo alcancé a esquivar la munición gruesa de una paloma que se había instalado en el lapacho y que se estrelló con un chasquido en el banco. El sol calentaba y ya anunciaba la siesta. A paso cansino me metí entre la gente.

Alberto Hernández

miércoles, enero 21, 2015

El fiscal debe morir

(policial negro o negrísimo)

-Fiscal tiene que volver urgente al país, no importa donde se encuentre ni que cosa esté usted haciendo.
El fiscal, esperaba ese llamado, lo intuía, sabía que no iba a poder concluir sus vacaciones con su hija a pesar de todas la promesas que le había hecho.
-Vuelva ya- le había dicho el hombre del poder.
En instantes se comunicó con su ex- esposa y le explicó que lo que temía estaba sucediendo; que debía pasar a buscar su hija por el aeropuerto, que iba a estar bien, que ya había hablado con ella, que se lo había explicado, que iba a estar tranquila, que no demore porque volvía a Buenos Aires en el siguiente avión.
Al salir de la sala de arribos de Ezeiza vio a los hombres que lo esperaban, uno de ellos era el conocido hombre del medio hegemónico que lo había llamado; a los otros dos no los conocía.
Subieron al auto que los esperaba y partieron hacia un destino en la zona norte de la Capital. Cruzaron todos juntos el amplio palier del suntuoso edificio, sin que hubiera nadie que registrara su paso. El departamento estaba en uno de los pisos altos y el amplio ventanal y su balcón daban a la ruidosa avenida. Los hombres se acomodaron en los vistosos y mullidos sillones. Uno de ellos que parecía ser el que hacía las veces de anfitrión, trajo unos vasos y ofreció unos tragos.
-Agua fresca- dijo el fiscal
El conocido hombre del poder presentó a sus acompañantes como agentes del MOSAD el uno y de la CIA el otro y sugirió, dirigiéndose al fiscal, ponerse cómodos porque la conversación iba a llevar varias horas.
-Llegó el momento fiscal. - sentenció el hombre del MOSAD en perfecto porteño - Todos estos años hemos venido preparando las condiciones para este golpe. Para este mazazo que daremos a este gobierno que cada vez es más enemigo nuestro. Antisemita, anti norteamericano, aliados de los terroristas que amenazan el mundo libre....Llegó el momento. Los acontecimientos de París, nos dicen que es el momento de actuar. El gobierno ya movió sus piezas, dejando fuera de juego a nuestro hombre de la SIDE, no hay más tiempo. Tiraremos la bomba. Revise esa carpeta que hemos preparado, son trescientas y pico de fojas, léalas con detenimiento. Allí está lo más sustancioso de las conversaciones secretas del gobierno con los terroristas y las pruebas del plan criminal montado para encubrirlos. Un gran trabajo de nuestro hombre. Sírvase algo, tenemos toda la noche.
Pasaron las horas, tímidos rayos de luz empezaron a filtrarse por las rendijas de las persianas, montañas de colillas de cigarrillos desbordaban el enorme cenicero de cristal. Sin haberse movido de su sitio el fiscal leía y meneaba la cabeza. Dos de los hombres se paseaban en silencio, fumando nerviosos. El que había sido presentado como de la CIA dormitaba en un gran sillón y cada tanto se sobresaltaba, Quedaba poco para finalizar el escrito.
-Esto no va- Dijo con voz cansada el fiscal. Es inconsistente. No hay pruebas contundentes para sostener semejante acusación. Lo de las alertas rojas puede ser rápidamente desbaratado, al igual que los acuerdos comerciales. No puedo hacer esta presentación sin tirar por la borda mi reputación y mi carrera.
-Escúcheme bien fiscal- levantó la voz el hombre local del MOSAD - Acá hay cosas en juego donde su carrera y su prestigio importan menos que el pronóstico del tiempo. Llevamos muchos años, sosteniendo el atentado a la mutual como uno de los íconos, como una causa que apuntale la política de cacería de los terroristas y el control sobre medio oriente, por eso hemos ido desviando todas las pistas que apuntaban a encontrar los culpables locales. Usted lo sabe bien, porque hasta ahora ha cumplido con lo suyo, y hoy ni siquiera se ha procesado a quienes encubrieron, destruyeron pruebas y nos fueron funcionales desde el comienzo de esta historia. Este gobierno fue el que más hizo por hacer fracasar nuestro plan. Se ha puesto a la cabeza de la cruzada contra el orden occidental, contra nuestros intereses económicos y geopolíticos. Apoyan a los palestinos, se alían con Rusia y China y ni hablar de la entente que han armado con todo el zurdaje latinoamericano. Entiende!!! Qué carajo importan su prestigio frente a la posibilidad de meterle un torpedo letal bajo la linea de flotación del gobierno. Ni su vida vale nada.
Que está diciendo, no comprendo- balbuceó el fiscal
-Está diciendo que no tiene opción – Esta vez habló con voz pausada y marcando cada palabra, el hombre de poder del multimedio- usted va a presentar esta denuncia, sin decirle nada al juez de la causa, y lo demás lo hacemos nosotros. Ya lo decía el genial Natalio Botana : la realidad es la que contamos en las páginas de nuestro diario lo demás no existe. ¿Qué puede pasar? Que el proceso lleve meses, tanto hasta llegar a las elecciones, nosotros seguimos calentando el ambiente y confundiendo a la gente y con suerte esta bomba produce una reacción popular que se lleva a la mierda a este gobierno. Siempre va a quedar la duda y usted tiene garantizada nuestra defensa y su prestigio de hombre valiente y serio profesional.
Dos días después el fiscal presentó la denuncia de trescientos y pico de fojas, contra la presidente, su canciller y otros funcionarios, por encubrimiento y protección de los imputados iraníes en la causa de la acción terrorista contra la mutual judía. Previamente ya habían trascendido los principales detalles y la bomba estallaba: nada menos que la presidente del país y su canciller pasaban a ser los principales criminales. Las redes sociales bramaron y el odio volvió a corporizarse en buena parte del cuerpo social.
Como era de esperar, el mundillo político se alborotó, la oposición empezó a reclamar respuestas al gobierno que, pasado el primer momento de sorpresa, reaccionó informando todo lo hecho en favor de la causa. Poco faltó para que se acordara día y hora para que el fiscal comparezca ante el parlamento.
El fiscal saludó a todos y entrada ya la noche de un día muy agitado, de mucha exposición ante los medios, salió de su oficina pensando que tenía un intenso fin de semana donde debía afinar los argumentos para responder las filosas preguntas que le harían en el parlamento y que podían desnudar la endeblez de la demanda.
Al salir se encontró con su asesor que le entregó un pequeño envoltorio.
-Tome fiscal, lo va a necesitar-
-¿De que se trata?-
-Es una pistola calibre 22, para su seguridad-
-Le agradezco el gesto pero no la necesito, tengo suficiente seguridad en mi domicilio, estaré bien.
-Llévela, me encomendó nuestro hombre que no deje de dársela, no me comprometa
El fiscal, entendió y guardó el arma en un bolsillo de su saco.
Ya en su departamento, se desplomó en un sillón y sumergió la cabeza entre sus manos. Tenía la mente en blanco. Un minuto después se dirigió al balcón y aspiró con fuerza el aire que venía impregnado con la humedad y el olor del río. Estuvo un rato escudriñando cada rincón de la rica zona residencial, tratando de adivinar que historia habría detrás de cada ventana iluminada. En un momento interrumpió su letargo y se dirigió al baño donde se dio una reconfortante ducha, dejando deslizar el agua mansamente por su cuerpo durante varios minutos. Allí le asaltó la imagen de su hija y sus ojos tristes en ese aeropuerto. ¿Estará bien? La tengo que hablar. La mente giró luego hacia el trabajo que tenía que hacer. Primero voy a ordenar todo, me desharé de las cosas domésticas así me dedico a trabajar sin interrupciones. Tengo comida en el freezer. Y sonrió pensando que un tipo de su prestigio y trascendencia pública, también tenía que ocuparse de esas cosas y más desde que se había separado.
Se vistió con una robe vistosa y cómoda y se tendió en la cama encendiendo automáticamente el televisor. No tenía hambre. Se sentía atosigado de tantos sánguches de miga que había ingerido durante el día. Puso el despertador a las seis. Se tomó un ansiolítico y en pocos minutos lo ganó el sueño.
El despertador sonó implacable. Rápidamente el fiscal se vistió, se aseó y preparó un café fuerte, un jugo de naranja y unas tostadas. Miró el voluminoso escrito, despejó la mesa, buscó marcadores suficientes para señalar los aspectos fundamentales y se dispuso el empezar el trabajo. Como impulsado por un resorte, se levantó y se dirigió al freezer y luego a la heladera “antes de empezar resuelvo las cuestiones domésticas”, pensó. Verificó que estuviera resuelto el problema de la comida del fin de semana, hizo un repaso de las cosas que faltaban para la semana siguiente y anotó con letra prolija la lista del pedido que tenía que hacer la empleada. Siempre se lo dejaba sobre la mesa, junto al dinero. Cuando verificó que todo estaba listo volvió a sentarse. Allí comenzó a trabajar, casi sin levantar la cabeza, solo interrumpido por el repaso de las noticias en los portales de internet y las llamadas que realizó y que recibió.
Pasaron muchas horas, muchos párrafos subrayados, muchas tazas de café. Pasó el mediodía casi sin probar bocado. El ceño fruncido denotaba preocupación y el nerviosismo lo llevaba a tamborilear permanentemente con sus dedos sobre la mesa. Se levantó y llamó a su hija a la que volvió a pedirle disculpas y , sin mucha convicción, que se quedara tranquila. Que la quería mucho. Que pronto se iban a ver para retomar las vacaciones suspendidas. Llamó a su madre cumpliendo con una rutina de todos los fines de semana para ver como estaba, si necesitaba algo. Nada querido todo bien. Cariños vieja. Cuando esto termine paso a verte. Amagó sentarse cuando recibió la llamada de la diputada. ¿Cómo está todo fiscal?. Aquí, trabajando en la presentación, no está nada fácil. Nosotros estamos preparando todo para que usted pueda exponer tranquilo, no se preocupe. En realidad sí me preocupo, hay preguntas del oficialismo que van a ser difíciles de responder, pero estoy estudiando todo a conciencia. Ahí voy a estar. Eso esperamos todos, va a ser un día clave, que va a marcar un antes y un después. Espero que sea así y pueda aportar a cambiar las cosas en esta Argentina. Lo dejo trabajar fiscal, nos vemos el lunes. Nos vemos diputada.
Volvió nuevamente a sumergirse en su trabajo, aunque no podía sacarse de la cabeza que muchos de los argumentos que sustentaban la denuncia, ya estaban siendo desbaratados por el propio juez de la causa, por funcionarios del gobierno y por la propia INTERPOL y ni hablar de las organizaciones de familiares de la mutual, con los que se había reunido cientos de veces y que lo descalificaban por su labor en las investigaciones.
Estuvo un par de horas más leyendo y cavilando, envió un whatsapp a un amigo con una foto y se levantó buscando el celular. Ya empezaba a ocultarse el sol.
-Hola, habla el fiscal-
-Como está amigo – contestó el hombre que había sido de los servicios
-Cómo quiere que esté, tengo que exponer el lunes y le doy vueltas y vueltas a la documentación que me prepararon y no encuentro ninguna prueba sólida que sustente la denuncia. Ya sé que los supuestos agentes que aparecen, no lo son. Son truchos, ya los conozco, uno ha sido denunciado por tráfico de influencias. Ninguno de los supuestos términos del acuerdo con los iraníes se cumplió. Es todo pescado podrido.
-Bueno, es parte de nuestro trabajo, fiscal-
-No me joda, que no estoy de humor-
- Es lo que teníamos para armar este estofado. Por otra parte usted sabe que recibo órdenes. Me ordenaron preparar eso con lo que teníamos. Decidieron que era el momento.
-Yo le digo que lo estoy pensando y no se si me voy a presentar en la cámara. Voy a pasar un papelón, no tengo como defenderme y va a quedar la maniobra en evidencia, sobre todo si el debate es público.
-No haga eso, no puede hacerlo. usted es capaz. Va a salir airoso.
-No sé, tengo un día más de trabajo, mañana lo pensaré bien. Hasta luego.
-Hasta luego y cuídese fiscal.
No volvió sobre sus papeles. Se clavó en el sillón y depositó la mirada fijamente sobre un punto de la pared. Es raro, no había visto esa pequeña mancha de humedad. No hay cañerías por ahí ¿qué podría ser? Repasó los adornos del aparador de cedro y los retratos familiares colgados en escalera. Y se levantó para aspirar el aire húmedo del río. Allí se quedó mirando sin mirar, la actividad de los innumerables paseantes que a esa hora le daban movimiento a Puerto Madero, entrando y saliendo de los bares y restoranes de la zona.
Pensaba que estaba en un atolladero. Alguna vez había imaginado que el momento iba a llegar, aunque siempre se creyó capaz de salir de cualquier situación. Tenía una autoestima alta, aunque en ese momento hubiera preferido estar de vacaciones con su hija. Esperaba, como los boxeadores, que desde el rincón alguien le tirara una toalla.
Pasaron un par de horas, cuando lo sobresaltó el timbre de la puerta del departamento. No esperaba a nadie. Generalmente la seguridad lo alertaba sobre las visitas. Miró por la mirilla y vio al agente del MOSAD que aparentemente estaba solo. Le franqueó la entrada sorprendido pero resignado.
-Hola fiscal
-Hola, ¿como hizo para entrar?
-Es nuestra especialidad. Algún disfraz, alguna información sobre sus vecinos y aquí estamos.
-Qué quiere?
-Nos comentó nuestro hombre que quiere abandonarnos
-Solo le dije que estaba trabajando y que no encuentro argumentos sólidos para no pasar vergüenza en la cámara-
-Mire vayamos a los bifes. Acá se trata de liquidar al gobierno con una bomba. No podemos fallar. Ya hicimos una parte. Ahora hay que convencer a la oposición de que es pertinente el juicio político. Tenemos que levantar a la gente que tiene que pedir la cabeza de la presidenta. Este es el momento. Y de una forma o de otra no vamos a dejarlo pasar.
-No veo que se pueda salir bien parado del congreso.
Se hizo un prolongado silencio. Los hombres se desplomaron en los sillones y fijaron la mirada en algún lugar del piso.
-Fiscal debo comunicarle que como están las cosas deberemos ir al plan B. Nuestro hombre confirmó los temores previos-
El fiscal levantó la cabeza y lo miró fijamente.
-¿Plan B? ¿a qué se refiere?
-Bueno, usted sabía que se podría llegar a esto. Siempre supo lo que arriesgaba y lo que estaba en juego. Y no podemos tolerar un fracaso.
El fiscal bajó nuevamente la cabeza como comprendiendo lo que se venía. Cuando levantó la vista, tenía los ojos rojos y húmedos.
-¿Qué debo hacer?
-Para eso le proporcionamos la pistola. Es buena, silenciosa y efectiva.
-¿No tengo chances?
-No. O lo hace usted o lo hacemos nosotros. Si lo tenemos que hacer nosotros vamos a tener que cubrirnos y tal vez con alguno más de su familia también por una cuestión de coartada ¿me entiende?. Por otra parte es un procedimiento sucio. Siempre quedan rastros. Se nos complica hacerlo antes del lunes, pero si hay que hacerlo....
-Con mi familia no!!! ni se les ocurra!!! Gritó desencajado el fiscal - No pueden ser tan hijos de puta. Yo siempre estuve coordinando y colaborando con ustedes. No puede ser. Esto no puede ser...-balbuceaba.
-Hasta aquí su trabajo fue importante. Ahora y visto como se están dando los hechos lo único que nos sirve es....¿como decirlo?.... Su desaparición física. Su suerte está echada. Y ya no tengo más tiempo, tengo que comunicar que usted va a cumplir con su deber. Adiós fiscal, haga bien las cosas, mañana por la mañana lo llamará su madre y espero que no conteste.
La puerta se cerró detrás del mensajero de la muerte. El fiscal se tiró sobre el sillón y se cubrió la cara con las manos. Su cabeza era un amasijo de imágenes y sensaciones. Le dolía. Sus sienes latían ferozmente al igual que su corazón que amenazaba con aturdirlo. Quiso levantarse pero no tuvo fuerzas. Ahí quedó por horas. El tiempo era un río viscoso que corría pesadamente y se le metía por los ojos, las orejas y salía por su boca deslizándose hasta sus pies. Pronto sintió que estaba fuera de su cuerpo, que se elevaba y miraba con lástima ese organismo vencido. Un paño blanco planeó lentamente hasta depositarse en el piso. “Alguien tiró la toalla”, pensó el fiscal.
Buscó la pistola que aun tenía en el bolsillo del saco y se dirigió al baño. Se miró al espejo y vio que había envejecido años. Se lavó la cara transpirada, se pasó rápidamente un peine por sus cabellos y por última vez sonrió.
El disparo fue certero y silencioso. Era una buena pistola, tal como le habían dicho.
La noticia causó conmoción. El hombre de poder y los agentes salieron al balcón del departamento de la zona norte a ver como la multitud ganaba las calles mostrando su odio contra el gobierno, su indignación por tan espantoso asesinato, contra la corrupción y la dictadura. Una amplia sonrisa llenó sus rostros mientras brindaban.
- Señores, la bomba finamente explotó- celebró el hombre de poder o lo que es lo mismo del multimedio - Las esquirlas caerán para todos lados pero principalmente para el oficialismo. Las dudas y la impunidad finalmente serán nuestra mejor arma. Nos encargaremos de que la realidad se ajuste a la frondosa imaginación de nuestros periodistas, fotógrafos, dibujantes, publicistas y camarógrafos y que llene las cabecitas de este pueblo que quiere un país serio. Levanten sus burbujeantes copas, ¡Au revoir le populisme!

Alberto Hernández